Estamos hechos de pedazos, retales, fragmentos, puntos que conectan y desconectan almas, sentimientos, sentidos… Sueños rotos, abstractos, no entendemos aquello que nos duele como algo que construye, tan sólo alcanzamos a saborear el poso del vaso, siempre como un puñal al alma. ¿Porqué?, Fácil, la herida no está sanada. Límpiala con agua fría, pero sobretodo sécala y que el aire selle su dolor. Tiempo y fragmentos rotos.

Una vez, en un lugar, vi a un niño jugar, pero otra, vi a un hombre en el suelo dormir, entre su botella de vino y orín. ¿Qué conecta estas dos escenas?, El lugar.

El lugar es testigo de las dos caras de la misma moneda, de la esperanza y desesperanza, de la vida y la muerte, del cariño y del olvido, de lo celestial y lo terrenal, de aquello que nos da vida y aquello que nos la quita.

Miramos sin ver, oímos sin escuchar; no aprendimos la lección; estamos muy lejos de aprenderla, creemos saberlo todo y no sabemos nada, creemos dominarlo todo y no dominamos nada; sentimos que somos fuertes pero en realidad somos débiles, demasiado.

Cuando te asombres por la belleza de un campo verde, un cielo azul, un mar infinito, asómbrate también por el desamor profundo de las personas entre las personas, asómbrate por los pasos perdidos, asómbrate por la cobardía del alma, asómbrate por el falso ego y la hipocresía más honesta entre los hombres.

Pero así es, en este imperfecto orden del caos, encontrarás la belleza, pues seguramente nada permanece en linea recta, todo tiene vaivenes, curvas, lineas rotas, imperfectas, y he aquí la solución, tu solución: La imperfección.

En ella encontrarás lo que te hace único, verás la vida con otra mirada, aquella que ilumina tu camino y no sólo eso, sino también la vida de los demás. Así pues, verás al niño jugar como una oportunidad de mostrarle que no todos los niños tienen esa suerte, verás al hombre tendido en el suelo de un parque y te acercarás a él… Aunque tan sólo dejes caer de tus labios un simple, sencillo y majestuoso: «¿Necesitas ayuda?»

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