Un día más te levantas, te aseas, desayunas y te vas… Nuestra vida, en ocasiones, responde a una interminable rutina que en ocasiones impide detenerte a pensar, a observar la sencillez con que tendríamos que tratar nuestras vidas. El amor, siempre nos pone a prueba, ese sentimiento que muchos reprimen por miedo al dolor, es el único que nace de nuestro verdadero interior, es el único que permanecerá inalterable en nuestras almas, por su pureza y sencillez.


Recuerdo, que el amor es lo primero que vi en sus ojos al nacer, recuerdo que buscaba el calor de su piel, de su pecho, y en ese momento entendí lo que significaba el amor. Encuentro en cada palpitar de su pequeño corazón una fuente inagotable de pureza, parte de esa esencia que nos acompaña toda nuestra vida a pesar de nuestra rutina. El amor que percibimos y tenemos de pequeños, nos acompañará por siempre, y con un pequeño gesto sabremos que hemos sido capaces de saber transmitirlo.


Fué la mañana del jueves, cuando a pocos minutos de llevar a Santi al cole, su almuerzo quedó olvidado encima de la mesa, en casa. Cuando estuvimos cerca del colegio, le pregunté si había cogido el almuerzo, se quedó mudo, agachó su cabecita e hizo un gesto que me hizo pensar que efectivamente, su almuerzo no estaba en su mochila; en ese momento no tenía tiempo de regresar por su almuerzo, llegábamos tarde al colegio y yo, llegaba tarde al trabajo… Entonces lo miré y le dije:
– No te preocupes Santi, toma mi almuerzo, yo puedo pasar…– Nooo papá,… no quiero… pediré a algún amigo de clase.– No Santi, tú no debes pedir comida a alguien, el papá te la da, no te preocupes.– (entre lágrimas) Pero papá, yo no quiero que te mueras de hambre…
En ese instante mi alma se encogió, me agaché a su altura y mirándole fíjamente a sus ojitos repletos de lágrimas, le dije:
– Por amor, el papá pasaría hambre por tí, tú eres lo más grande que tengo en mi vida.
Santi me miró, y me abrazó fuerte, como sólo un niño sabe hacer, un abrazo que transmitió toda la energía de su corazón, de su alma, de su amor.
No dejé de pensar durante todo el día en cada palabra, en cada mirada, en cada momento, en esa sencillez con que el verdadero amor fluye como un torrente sin impedimento alguno, capaz de expresar la verdadera belleza cautiva en un niño, esa misma belleza que después ya siendo adultos se desvanece en las miradas, en los gestos.


Cada uno de nosotros tenemos que pararnos a pensar por un instante, lo afortunados que somos por el simple hecho de estar; ser capaces de saber entender que no necesitamos «cosas», necesitamos «personas», afecto, comprensión, necesitamos, como siempre digo: Amor.

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