LA HISTORIA

Todo viaje comienza por una búsqueda, en mi viaje, trato de dar respuesta primeramente, a la parte física de las emociones y ahí encontramos el origen: El cerebro. el cualcontrola nuestras emociones, y no todo el cerebro, sino una parte muy concreta: el sistema límbico. Está situado justo debajo de la corteza cerebral y está formado por el tálamo, el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo.

El sistema límbico es la zona del cerebro que dirige nuestras emociones y nuestras sensaciones más primitivas: aquellas relacionadas con la supervivencia (como por ejemplo el miedo y la ira) y con las sensaciones del ser humano en torno a nuestro comportamiento sexual. De hecho, muchos científicos han llegado a llamarle el ‘cerebro reptil’ puesto que se encarga de nuestros instintos más básicos, más primitivo.

La amígdala, depósito de memoria emocional

Daniel Golemancomenta que se trata de la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la ‘defensa’ contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. Se encarga de regular estas sensaciones y de protegernos ante ellas. Gracias a la amígdala podemos escapar de situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia; pero también tiene una parte mala: es la que permite que nuestros miedos más profundos y nuestros traumas infantiles salgan a la luz. La amígdala nos ayuda a buscar la estrategia necesaria para solventar una situación de estrés, miedo o peligro y nos da una visión equilibrada de lo que sucede a nuestro alrededor. En definitiva, es la parte del cerebro que permite que no nos dejemos llevar por el pánico y la ansiedad.

EL ENIGMA

La teoría periférica de la emoción según William James, se resume así:

Estímulo — Percepción — Cambios corporales — Percepción de los cambios corporales (EMOCION)

Según la tesis de William James: Los cambios corporales siguen directamente a la percepción del hecho desencadenante y que nuestra sensación de esos cambios según se van produciendo es la emoción.

El sentido común nos dice que nos arruinamos, estamos tristes y lloramos; que nos topamos con un oso, nos asustamos y corremos; que un rival nos ofende, nos enfadamos y golpeamos. La hipótesis defendida aquí afirma que este orden de la secuencia es incorrecto, que un estado mental no es inducido inmediatamente por el otro, que las manifestaciones corporales deben interponerse previamente entre ambos y que una exposición más racional es que nos sentimos tristes porque lloramos, enfadados porque golpeamos, asustados porque temblamos, y no que lloramos, golpeamos o temblamos porque, según el caso, estemos tristes, enfadados o asustados. Si los estados corporales no siguieran a la percepción, esta última poseería una conformación totalmente cognitiva, pálida, incolora, carente de calor emocional. Entonces podríamos ver el oso y juzgar que lo mejor es correr, recibir la ofensa y considerar que lo correcto es golpear, pero no podríamos sentirnos realmente asustados o iracundos.

LAS PUERTAS

Vivimos en un momento en el que el conocimiento de las emociones es una «mercancía» importante según comenta la historiadora Tiffany Watt Smith. Las emociones no son simples reflejos, sino sistemas muy complejos y elásticos que responden a biología heredada y cultura. Estos sistemas complejos son fenómenos cognitivos moldeados por nuestros pensamientos, conceptos y lenguaje.

A medida que el lenguaje cambia, también lo hacen las emociones. Tenemos ejemplos en las ideologías políticas, económicas, sociales, etc. Para tener una verdadera inteligencia emocional, necesitamos comprender como se han originado esas palabras, qué ideas encierran.

Grandes cambios históricos influyeron en nuestras emociones, por ejemplo, en el S. XVI se piensa que la tristeza se podía cultivar como una habilidad, pues al transformarnos en expertos, podíamos recuperarnos más rápido de algo que nos pudiera pasar; hoy día, si estamos tristes, estamos impacientes, avergonzados…

Por lo tanto, la verdadera inteligencia emocional, nos exige comprender fuerzas sociales, políticas y culturales que han dado forma a nuestras emociones, nos exige entender cómo felicidad, odio, ira pueden estar ¡cambiando ahora!

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